Jérôme Seregni
SIMPLE ENCUENTRO
Cómo decirte que se nos cae el cielo.
Decírtelo con la boca – con desamparo,
para que comprendas y superes,
y si supieras – yo lo sé – que soy tu sudor,
tu ala quebrada – la fonética especial
que nos separa – ese eco inmaduro,
cada eje transversal que el compás maniobra,
y ser más, ser todo esto y oler a mugre,
a vejez, a pesar y además
y esperar, como espera la historia,
sin esencia y con causa.
La experiencia teleológica me
impone un neologismo,
como si tu cuerpo fuera una palabra;
es más – es una brújula,
un escándalo de sencillez – camino entero,
axioma.
LA TORTURA
Esa forma inimitable y destruida por
el uso traducido del tiempo,
acostumbrada al trazo de
letras antiguas y al reconocimiento
forjado de almas en pena; es la
forma fiel de la piel en la conjetura
de su propio cuerpo, es la tortura.
La alerta distingue la premura y la
vigilia es una injusta forma de esa espera.
Pero la atracción tiene un camino
que no entendemos y veneramos.
Lo pueden haber sentido en sus
hábitos no sólo los hombres,
sino también en sus escombros
las estatuas, los espejos y los mapas;
reversos y casi fallos de un
temido acercamiento al hombre.
LOS BAÑOS
En la cerámica de los aseos la hora es efímera,
– el reloj inútil –.
Sabemos que un acto imprescindible ocurrirá.
También sabemos que es algo íntimo y que huele.
Si asociamos la higiene y la belleza con la representación,
imaginamos a Bonnard y a Degas cromando los espacios
de una tela. Nada de esto pide la necesidad;
austera hermana de la vergüenza – de la falta.
En los baños la historia – cada historia – se aquieta.
ENFERMEDAD
´tis distance lends enchantment to the view’
Thomas Campbell
Dejé de rezar
como si se dejara
una patología,
ya que poco a poco
comencé a perder el
diálogo con la
metafísica y con los libros
llenos de adivinanzas que
contaban lo que había
más allá de las estrellas,
al otro lado de la luna.
Cuando vi que también
el paraíso se me hacía
invisible, entonces establecí
que tu belleza iba a ser mi dios.
Claro, eso me llevó a
tener otras patologías,
ya que entré en trance
con tu cuerpo entero.
Vos lo sabías, porque
pronto me rendí en fluirte
mis trayectorias oníricas.
Te decía que me imaginaba
ser el jabón que te lavaba
bajo el agua fría de la ducha.
Yo era ese jabón que usás
sabor a menta que te llena
de espuma todas tus
membranas en secreto.
Nunca se me ocurrió ser jabón,
pero qué!
Si siento tanto adentro que
las burbujas se parecen tanto
a la dulzura y a la urdida
religión y ese es el único
vínculo con el que te puedo
tocar sin pedirte por favor